La casa de Asterión
No tenía ni idea. Es genial no tener ni idea y enfrentarse a un texto. Mientras bailábamos el domingo en la calle del Sol y llegaba la sugerencia literaria me pregunté si acaso lo había escrito ella "¡Noooooooo! Es de Borges", contestó. Lo hizo de forma rotunda y cuando pronunciaba el nombre de Borges se le llenaba la boca de admiración y solemnidad inmensa. Así que no me podía aguantar, después de esa entonación y esa sinceridad en el compartir. Amiga.
Me gustaría andarme por las ramas un rato, escribir acerca de los precedentes, de la figura; también contextualizar el día gris plomizo de hoy antes de, pero, las atmósferas me las reservo, porque sólo así son mías.
Me detengo en la casa, en el párrafo que la describe:
No sólo he imaginado eso juegos, también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes, la casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris, he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
Y es que las casas eran para mí la consagración de la metáfora, hasta hoy, que por metonimia continuada o por sinecdoque infinita ha llegado un laberinto. Un no lugar que son todos los lugares. Apunta más adelante que sólo los cadáveres, yacentes, inmóviles, ayudan a reconocer entonces recodos específicos. Esto es absolutamente poético. Sólo la pérdida acota el espacio. Lo demás muta y se transforma y por eso, leyéndolo, me vino a la mente Kafka y La transformación, con prólogo de Borges, creo recordar, donde el autor justifica el uso de "transformación" y no de "metamorfosis". Volveré. Qué delicia de tarde cuando lo que me mueve es recuperar de un estante un título. No es casualidad la relación estética.
Sólo al final del relato la incertidumbre. Ello me obliga a volver sobre él, a buscar qué se me escapó, dónde estaba el animal. El instinto suicida quizá sea el rasgo más distintivo de la humanidad y he aquí una paradoja. Asterión sueña con la muerte, con lo único que le permitiría distinguir más allá de arriba y abajo. Antes sólo vive atendiendo a sus instintos en una mutabilidad perenne, de irrealidades en conjunción, como su naturaleza misma.
Gracias Ariadna por prestarme un hilito y animarme a introducirme en el laberinto, tomando conciencia así de que ya estaba en él. La casa del Toro tiene mucha política y mucha música. Adoro-te.


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