La basura
Pensaba en ella. Vengo ejercitando mi memoria y ahí estaba. Salíamos de la banda y nos asomábamos rutinariamente a husmear el contenido del contenedor: dentro un continente. Creo recordar, incluso, teorizar acerca de una geografía de itinerarios. Más inverosímil aún: alguna vez nos citamos en un punto y momento preciso para buscar basura en la basura. Tangible la imagen de unas extremidades sobresaliendo mientras la mirada de esas piernas bucea en el habitáculo. Flipa. No apuntaré ningún nombre. No voy a embasurar a nadie, aún.
La semana pasada estaba con Julia en el Loly's Crew y pasó el camión. Añoré que atrás no hubiera dos autómatas: la función automática se mecanizó y ahora nadie asoma su figura por la parte trasera del transporte. Una pena. Un fastidio. El párrafo que sigue me brinda la oportunidad de volver al pasado.
Buscar en la basura. Eso es. Seguí creciendo y un Buen Día (se pone solo en mayúsculas, no voy a insistir) los contenedores se reprodujeron y eran de colores. Reciclaje. Ciclos vitales de residuos. Si esto no es poético que venga un Dios (ha vuelto a hacerlo, mayúscula a pesar de la indeterminación del artículo) y lo vea.
Cada casa importante en mi vida ha tenido y tiene un mueble basura. "El muerto" hemos apodado a uno de ellos en la calle San Juan. Ahora que lo pienso, mi padre es el encuentra tesoros por excelencia. Conoce todas las maderas además. Sé de lo que escribo.
A veces un sofá invita a descansar y a mí me gusta hacerlo con Enesto. Luego lo dejamos todo como estaba, ya que somos respetuosas con despojos desconocidos. Otras regalan ironía a la vida: alguien recogió una bañera, la petó de enseres y la transporta en el funicular aglomerado de personas que a simple vista pertenecen a clases sociales distintas, que no distinguidas: la pija y el gitano rumano, misceláneas de la ciudad.
Durante esta semana, de camino a un lugar de cuyo nombre no me quiero acordar, piezas de puzzle se dividen entre estar en la acera o en la carretera.
Y hoy... qué belleza!
Asoma la hierba de un cofre destartalado que descansa en una silla rodeada de tul rosa y brillante...
me muero de gusto.
me muero de gusto.
Pensar en la basura oda merece; también rescates.
Lo que sale de tu casa termina en el contenedor equivocado, estarás.
Un literato le da vida a aquello que por estúpido pensaste que tendría un solo final y tiene un ejército a sus órdenes asomándose a tu intimidad.
Las posibles interpretaciones de tu vida basura son otra historia y Manolo Pérez Saiz acumula fantasía suficiente para recrearlas todas.
Pensaba en ella y me llevó a ti, a tus hábitos y costumbres. Sale arte de tu basura sin usura.
Haciendo memoria estaba, como decía. ¿Ves alguna falta de ortografía?

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